¿Qué infecciones podemos contraer en las piscinas?

24/07/2023

¿Qué infecciones podemos contraer en las piscinas?

El efecto calor provoca una trashumancia masiva en las piscinas y los centros de ocio acuático. Ignorando, quizás, que las actividades recreativas en piscinas, spas, jacuzzis, lagos, ríos u océanos nos exponen a contraer diversas enfermedades infecciosas, que generalmente afectan el sistema digestivo, la piel o el sistema respiratorio.

Solo en España hay más de 1,2 millones de piscinas privadas de uso unifamiliar o disfrutadas por una comunidad de propietarios cuyas aguas hay que vigilar para evitar la proliferación de microorganismos patógenos. Una cifra similar a la que hay que sumar más de 70.000 piscinas de uso público.

Los organismos patógenos que nos podemos encontrar en aguas recreativas son diferentes: pseudomonas, protozoos, estafilococos, estreptococos fecales, coliformes fecales como los famosos Escherichia colicoliformes totales, norovirus o incluso legionella, que suelen aparecer en piscinas o spas climatizados.

No hay datos globales de España, pero en Estados Unidos, entre los años 2015 y 2019, se ha confirmado que más de 3.600 personas se bañaron en agua mal desinfectada en piscinas, jacuzzis y parques acuáticos. Hubo 286 hospitalizaciones y tres personas fallecidas.

Los niños, las mujeres avergonzadas y las personas inmunodeprimidas tienen cada día un mayor riesgo de contraer una infección.

Heces en más de la mitad de las quinielas

En concreto, la presencia de Escherichia coli Es un indicador específico de contaminación acuática fecal y la detección inmediata del agua de la piscina para desinfectar el agua.

Alrededor de unos 0,14 gramos de materia fecal es suficiente, una cantidad similar a unos pequeños granos de arena, para contaminar una piscina. Por lo tanto, las personas enfermas con diarrea no deben bañarse.

Un estudio realizado en piscinas públicas públicas durante la temporada de baño de verano confirmó que los bañistas lo introducen en el agua de la piscina con frecuencia. En concreto, el análisis encontró que el 58% de los modelos de filtros de piscina analizados murieron positivos por Escherichia coli.

El oido de nadador

El mismo estudio detectó Pseudomonas aeruginosa en el 59 % de las muestras. Según los criterios técnico-sanitarios, el límite de presencia de esta bacteria en el agua de las piscinas es de unas unidades formadoras de colonia por cada 100 mililitros de agua.

Pseudomonas aeruginosa supone un grave problema de salud pública, ya que puede causar dos infecciones que comúnmente se conocen como foliculitis de la bañera y nadador de oído.

Los síntomas de la primera incluyen erupciones cutáneas y enrojecimiento rosado en la piel que provocan mucho picor, además ampollas llenas de pus alrededor de los folículos pilosos. Quienes sufren oido de nadador experimentan dolor, pus y dolor en el oido infectado.

las bacterias Pseudomonas aeruginosa también puede causar infecciones en la córnea o en las vías urinarias y respiratorias. Incluyendo, ocasionalmente, dolores de cabeza y músculos, ardor en los ojos y fibras.

Cólicos y diarreas

Giardia duodenalis y criptosporidio Hay protozoos intestinales omnipresentes que parasitan a los animales domésticos y de rescate, pero también a los seres humanos. Son los principales responsables de la mayoría de las enfermedades gastrointestinales transmitidas por agua y alimentos contaminados a nivel mundial. Ambas provocan ataques de diarrea acuosa, acompañada de cólicos en el caso de Giardia.

Las aguas potables y recreativas contaminadas representan la mayor parte de la exposición en criptosporidio spp. en países de altos insumos. Los casos en Europa y Estados Unidos son frecuentes cada año. En Estados Unidos, en el periodo 2015-2019, criptosporidio provocó que 76 niños se bañaran en agua mal desinfectada en piscinas, jacuzzis y parques acuáticos, lo que resultó en 2 492 casos. Los brotes más importantes se produjeron en 1993 en Milwaukee (EE. UU.), con 400.000 casos, y en el año 2010 en Suecia, con 27.000 casos.

La acción desinfectante del cloro

El cloro es el desinfectante más utilizado en el agua de las piscinas. Mata a las bacterias atacando los lípidos de las paredes celulares y destruyendo las enzimas y estructuras dentro de la célula.

El cloro que queda en el agua se transfiere a toda la comunidad microbiana se denomina cloro residual libre. Sus valores deben estar entre 0,5 y 2 miligramos por litro, ya que la falta de cloro o el exceso de este límite sube el gas de la piscina.

La causa de la irritación de los ojos y malos olores en el agua es el cloro combinado residual, que resulta de la combinación del cloro libre con otras sustancias no patógenas presentes en el agua.

Asimismo, se debe observar cuidadosamente el nivel de pH, el cual debe mantenerse en valores aproximadamente entre 7,2 y 7,8.

Si el pH es ácido (valores por defecto de 7) los bathistas pueden sufrir daños en las mucosas, ojos, piel, etc. y los elementos y materiales que componen la piscina se deterioran más rápido.

Por el contrario, si el pH es excesivamente básico (valores de encima de 8), el desinfectante no actuará de forma eficaz, y los usuarios pueden sufrir problemas en la piel y proliferan rápidamente algas y microorganismos en el agua, que puede adquirir tonalidades verdosas.

Baños en ríos y lagos

La reciente detección de Cryptosporidium hominis y otras especies de cryptosporidiums en los zorros salvajes de Gallegos pueden indicar la probable superposición de los ciclos salvaje y doméstico de este parásito en el medio rural. Y si hay una transmisión activa entre animales abuelas y animales rescatados, se abre la posibilidad de transmisión a los seres humanos.

Esta es una de las razones por las que no se recomienda bañarse en espacios naturales, como ríos, lagos o riberas descontroladas. Del mismo modo, es peligroso que las mascotas nazcan en aguas donde proliferen microalgas, diatomeas, cianobacterias o dinoflagelados, porque pueden intoxicarse. La presencia masiva de estos organismos puede hacer que el agua sea verde o azul verdosa, e incluso con tonos naranja/rojo o amarillo/marrón. Solo las toxinas potenciales que producen los dinoflagelados marinos provocan más de 60.000 intoxicaciones al año, con una tasa de mortalidad del 1,5 % en todo el mundo.

Acudiendo a las piscinas, para comprobar todos los contagios posibles debemos asegurarnos de que el agua de la que nos bañamos se limpie y mantenga con regularidad, evitar tragar agua mientras nos nadamos y no bañarnos cuando estemos enfermos. Procurar no orinar en el agua, no cambiar pañales junto a la piscina. Tomar una ducha rápida antes de entrar al agua es otra medida preventiva importante, al igual que evitar que las mascotas entren al agua. Cuando sube el agua, es prudente secar los oídos para prevenir infecciones. Y si en algún momento presenciamos o detectamos un accidente fecal, es recomendable avisar inmediatamente al personal de la piscina.

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